sábado, 13 de marzo de 2010

Rendir cuentas

Escribe Juan Sánchez en Diario Español República Constitucional:
A una pregunta de Doña María Dolores de Cospedal en el Senado responde Don Celestino Corbacho descalificando la propia pregunta e instando a la señora a que la próxima vez prepare sus intervenciones mejor, quejándose además de que en 2 años sólo le haya hecho tres interpelaciones. Es un espectáculo grotesco que califica al señor Corbacho sin lugar a equívocos; pero esto, en todo caso, es lo secundario, porque sólo es sintomático de un mal previo y mucho mayor. Doña Bibiana Aido marra con más malicia que ignorancia cuando se lamenta del triste espectáculo ofrecido por los miembros de la Cámara, pues no cabía obviar que se trataba de una sesión televisada, atribuyendo a las malas formas demostradas el desprestigio de la clase política ante los ciudadanos.

Cabe preguntarse si a la clase política le preocupa su imagen ante la sociedad por decoro institucional o por pura inclinación corporativista, común a todos los gremios. Pero confundir el efecto con la causa suele tener la secreta intención de enmascarar la causa verdadera. Frente a la cual el efecto es puro ruido sin mayor interés. Y la causa es la imposibilidad de que el Poder Legislativo llegue a controlar al Ejecutivo en un sistema parlamentario de listas de partido. El marco jurídico en el cual el sistema se desarrolla tiene el efecto de inducir, por puro rigor de consecuencia, comportamientos, por parte de la clase política, que ofenden a partes iguales la estética y la moral. Comportamientos como el que acabamos de ver en Don Celestino Corbacho. Pero cuando la estética puede conculcarse sin recato alguno la inmoralidad es ya una pura e inevitable cuestión de tiempo. Detrás de la fealdad viene la maldad, es una ingenuidad peligrosa rechazar la fealdad por su aparente inocuidad. La fealdad congénita del parlamentarismo español ha fomentado la chulería y el desdén por parte de la clase política hasta extremos que ofenden a quienquiera que piense todavía en la dignidad del espacio público. Pero Don Celestino Corbacho puede responder como lo hace porque se sabe respaldado por un sistema que fomenta la impotencia de los parlamentos y la impunidad de los gobiernos, que necesariamente tienen al Legislativo sujeto mediante la disciplina de voto de sus señorías.

Solamente el rechazo social o el miedo a perder el apoyo electoral puede tener efectos limitativos. Nunca la inútil acción parlamentaria. Los parlamentos se han convertido en cámaras a las cuales los políticos acuden en perpetua campaña electoral, pero jamás para rendir cuentas de su gestión y menos aún para controlar a gobierno alguno. Y la experiencia demuestra que la campaña electoral es la eclosión de la indecencia, la mala educación, la descortesía y la pura logomaquia, el insulto permanente al destinatario del mensaje. Las mismas reglas que sus señorías han trasladado al parlamento.

En una república presidencialista con efectiva separación de poderes, como Estados Unidos, las cámaras son celosas de sus atribuciones, por eso una respuesta como la de Corbacho sería inaceptable, tanto para los congresistas o senadores como para la opinión pública. No es un problema de la mejor o peor educación de sus señorías, como engañosamente quería hacer ver doña Bibiana Aido: el problema reside en el funcionamiento del propio instrumento que sus señorías se traen entre manos. Que ha convertido al parlamento no ya en una extensión del gobierno sino en un apéndice del mismo. Los debates parlamentarios en España son una ofensa pública y un puro ruido que simula un control inexistente.

Francisco Miranda, militar español liberal muerto en una prisión gaditana en 1816, lo anunció con dos siglos de antelación: "El pueblo no será soberano si uno de los poderes constituidos (el ejecutivo) no emana inmediatamente de él y no habrá independencia (entre los poderes) si uno de ellos fuera el creador del otro. Dad al cuerpo legislativo, por ejemplo, el derecho de nombrar a los miembros del poder ejecutivo y no existirá ya Libertad política". Doña Bibiana Aido piensa que el peligro que Francisco Miranda ponía de relieve se soslaya con buenas maneras y una exquisita educación. Las cuales serían, en el mejor de los casos, una pura hipocresía que, a decir de La Rochefoucauld, es “el homenaje que el vicio rinde a la virtud”. La actitud de Don Celestino Corbacho demuestra que entre la clase política española, espoleada por unas instituciones que fomentan y consienten el agravio, el vicio se ha desatado y su triunfo ha sido arrollador: la hipocresía ni siquiera es ya necesaria.

viernes, 12 de marzo de 2010

¿Defensores del pueblo o protectores de la casta?

Post publicado en Voto en Blanco:
El Parlament de Cataluña acaba de reelegir a Rafael Ribó como Síndic de Greuges (síndico de agravios o defensor del pueblo) por un período de nueve años, con 117 votos a favor, 3 en contra y 3 tres abstenciones. Era el único candidato y fue apoyado por los grupos de la mayoría (PSC, ERC e ICV-EUiA).

Está en el cargo desde el 17 de junio de 2004 y su reelección refleja, lógicamente, que su trabajo satisface a los políticos catalanes dominantes. El pueblo catalán, en esta democracia de opereta, ni siquiera se pronuncia.

La democracia española está tan plagada de irregularidades y trampas que más bien parece una tiranía camuflada. Que el defensor del pueblo sea elegido por los políticos más poderosos, los responsables de todas las reclamaciones que deba tramitar esa Institución, es una de las más sangrantes chapuzas del triste sistema que gobierna a los españoles.

Si, encima, esos mismos políticos lo reeligen, la chapuza ya huele a apaño. Si la institución funcionara correctamente, el defensor del pueblo, en una época de tantas tensiones, enfrentamientos y carencias democráticas, debería ser un personaje denostado por la clase política y querido por los ciudadanos, pero no es eso lo que ocurre en España.

Como el sistema está viciado, el Defensor del Pueblo, consciente de que su puesto depende de los políticos, lógicamente debe trabajar para satisfacerlos. Su reelección depende, precisamente, de que los grandes partidos se sientan contentos con su trabajo, una especie de locura surrealista porque la figura del defensor está ideada, precisamente, para defender a los ciudadanos frente a los errores, abusos y arbitrariedades del gobierno y de los partidos políticos, casi siempre con un poder excesivo, capaz de "aplastar" al simple ciudadano.

Enrique Múgica Herzog es Defensor del Pueblo español desde el día 15 de junio de 2000. El 30 de junio de 2005, por primera vez en la historia de la Institución, fue reelegido. Lleva casi diez años recibiendo reclamaciones y quejas de los ciudadanos. Su trabajo ha debido producir satisfacción a los políticos que le nombraron y reeligieron. Los ciudadanos, por supuesto, no han podido opinar sobre el trabajo de su defensor.

José Chamizo, defensor del pueblo andaluz, disfruta del cargo desde hace más tiempo. Es sacerdote y fue elegido el 16 de Julio de 1996. Desde entonces ha sido reelegido una y otra vez, lo que significa que su trabajo "satisface" al poder dominante, algo insólito en una tierra donde la sociedad padece un poder político agobiante, sin apenas controles y protagonista de abusos, arbitrariedades, corrupciones, irregularidades y muchos dramas, algunos de los cueles llegan hasta la oficina del "Defensor" en busca de justicia y amparo.

La única explicación de que los defensores del pueblo en España sean reelegidos una y otra vez es que trabajan para beneficiar y satisfacer a los políticos, que son los que les eligen, no para el pueblo, al que la institución debe defender y amparar, precisamente de los abusos y atropellos del poder político.

Hay otros muchos casos de defensores autonómicos que reciben de los políticos alabanzas y que son premiados con la reelección, lo que constituye un ejemplo más de que la democracia, en España, es una estafa.

jueves, 11 de marzo de 2010

La sostenibilidad en el ayuntamiento

Fondo Estatal para el Empleo y la Sostenibilidad Local. Modo de empleo.

Fuente: Ministerio de Política Territorial

Detalles para el Municipio de: Campoo de Enmedio

Importe Máximo según RDL 13/09:417.510,00 €
Inversión Mínima1:333.841,00 €
Límite de Gasto Social2:83.669,00€
Fecha aprobaciónImporteProyecto
29/01/1097.270,01 €PROYECTO DE SEGURIDAD VIAL CON INSTALACION DE REDUCTORES DE VELOCIDAD Y BIONDAS DE SEGURIDAD SOBRE PUENTE DE RIO HIJAR
03/02/1042.839,80 €PROYECTO DE ELEMENTOS DE SEGURIDAD PARA EDIFICIO JARDIN DE INFANCIA EN NESTARES
25/02/107.614,99 €SUMINISTRO DE EQUIPOS INFORMATICOS PARA DISTINTOS DEPARTAMENTOS DEL AYUNTAMIENTO
25/02/1034.220,00 €INSTALACION SOLAR FOTOVOLTAICA CONECTADA A RED EN CUBIERTA DE EDIFICIO SOCIAL EN CAÑEDA
25/02/1034.220,00 €INSTALACION SOLAR FOTOVOLTAICA CONECTADA A RED EN CUBIERTA DE EDIFICIO SOCIAL EN FRESNO DEL RIO
25/02/105.350,00 €CONTRATO DE SERVICIOS PARA APOYO DE LA IMPLANTACION DE LA ADMINISTRACION ELECTRONICA EN EL AYUNTAMIENTO
25/02/1049.697,88 €INSTALACION SOLAR FOTOVOLTAICA CONECTADA A RED EN CUBIERTA DE POLIDEPORTIVO MUNICIPAL
25/02/1034.220,00 €INSTALACION SOLAR FOTOVOLTAICA CONECTADA A RED EN CUBIERTA DE EDIFICIO SOCIAL EN FONTECHA
25/02/1034.220,00 €INSTALACION SOLAR FOTOVOLTAICA CONECTADA A RED EN CUBIERTA EDIFICIO SOCIAL EN CELADA MARLANTES
03/03/1015.515,46 €SUMINISTRO DE EQUIPOS COPIADORA-IMPRESORA-SCANNER MULTIFUNCION- FAX CORREO ELECTRONICO PARA DESTINAR A LAS OFICINAS MUNICIPALES
10/03/1034.220,00 €INSTALACION SOLAR FOTOVOLTAICA CONECTADA A RED EN CUBIERTA DE EDIFICIO SOCIAL EN NESTARES
(1) Inversión mínima: la cantidad destinada a inversión variará (dependiendo de la destinada a gasto social) entre el 80% (inversión mínima) y el 100% (total disponible).
(2) Límite máximo gasto social: la cantidad destinada a gasto social podrá alcanzar (dependiendo de la decisión del ayuntamiento) hasta el 20% del total disponible.

miércoles, 10 de marzo de 2010

La dictadura de la incompetencia

Xavier Roig, autor de La Dictadura de la Incompetencia





martes, 9 de marzo de 2010

Sobre la ampliación de la edad de jubilación

publicado en actibva.com

Las preguntas dirigidas al panel de expertos han sido: ¿La ampliación de la edad de jubilación dará estabilidad a la Seguridad Social? ¿Cómo se debe articular un sistema de pensiones público para que no peligre su sostenibilidad a largo plazo?


McCoy, Valor Añadido de Cotizalia

“La pregunta no está bien formulada, toda vez que no cabe hablar de estabilidad de la Seguridad Social, que por definición es estable, siempre está ahí, sino de solvencia para hacer frente a los compromisos que tiene implícitamente adquiridos con los cotizantes pasados y presentes.

Hecha esa acotación, cualquier medida puntual se debería enmarcar dentro de una reforma general del sistema de prestaciones públicas con objeto de adecuarlo a los signos de los tiempos, marcados por una caída en las aportaciones, resultado de un resurgimiento de la economía sumergida y un paro con una parte estructural importante, y el aumento de los desembolsos, consecuencia de la inversión de la pirámide poblacional.

Por tanto, sí es una buena medida ya que permite adecuar edad de jubilación a esperanza de vida. Pero tendría que venir complementado, en el ámbito demográfico, por medidas de fomento de la natalidad; en el ámbito propio de la Seguridad Social, por un ajuste de los años de cotización al importe de la prestación; en el ámbito financiero, por un fomento de los planes privados de pensiones; en todos los ámbitos por una lucha generalizada contra el fraude.

Todo dentro de un proceso de asunción colectiva de que una estructura como la actual que funciona como mera correa de transmisión de flujos entre trabajadores y beneficiarios es insostenible por definición en las circunstancias que se avecinan”

Síguelo en Twitter en Alberto Artero o en su blog Valor Añadido

Vicente Varó de Unience

En mi opinión, más que dar estabilidad lo que supondrá es el primer paso en un camino por el que tenemos que transitar. Quiero decir, no será la unica médida de este tipo de aquí a los próximos años, pero sí la primera. Y en ese sentido supone un buen mensaje para la comunidad inversora intenacional. Es decirles, "somos serios. Sabemos que tenemos reformas importantes que hacer, y las vamos a llevar a cabo".

Y esto es importante porque en la medida en que no tienes confianza internacional tienes que pagar más altos los intereses de la deuda y eso acaba provocando mayor gasto financiero y mayor desajuste de las cuentas públicas. Y, por lo tanto, peor crecimiento económico, menor creación de empleo y menores cotizaciones a la Seguridad Social, en un peligroso circulo vicioso sin fin.

El sistema de pensiones público debe articularse quitándole peso. Es decir, favoreciendo e impulsando el ahorro privado. Por ejemplo, creando una especie de "Cuenta jubilación", similar a la cuenta vivienda, en la que cada ciudadano pueda invertir en los activos financieros que prefiera desgravándose las aportaciones.

Síguelo en Twitter @VicenteVaro o en Unience

Angel García, economista e inversor

La ampliacion de la edad de jubilacion por si sola es un parche. El problema estructural de la seguridad social (en cuanto a pensiones) es la piramide poblacional que tenemos en este pais. El coyuntural la falta de cotizantes por la caida de actividad. El tecnico que recibimos de 2 a 3 veces mas que el periodo de computo. Pasar ahora a un sistema de capitalizacion es inviable financieramente.

Solucion: bajar el gasto en pensiones via retraso de la edad de jubilacion efectiva y computo de toda la vida laboral, ademas de unificar todas las seguridades sociales de la union europea en una sola (correctamente dotada). Al final cada cotizante deberia recibir de media el valor actual de lo que ha aportado. Las pensiones asistenciales y demas dispendios politicos deberian ser financiados por impuestos de los diferentes paises.

Síguelo en Twitter @Aygdiae, o en su blog El mundo visto por un profesional de las inversiones

Rafael Pampillón, profesor del Instituto Empresa

España será, en el 2050, uno de los países más envejecido del mundo: el 30% de la población tendrá 65 años o más. Este rápido proceso de envejecimiento de la población se produce como consecuencia de la tasa de natalidad (una de las más bajas del mundo) y del aumento de la esperanza de vida (en la actualidad las mujeres nacidas en España están entre las europeas más longevas con 84 años, frente a una media en Europa de 79) mientras los hombres se sitúan en los 78 (la media europea masculina está en 71 años). Ambos elementos (baja natalidad y aumento de la esperanza de vida) determinan un aumento del envejecimiento de la población.

Esto significa que, proporcionalmente, menos trabajadores tendrán que pagar cada vez más impuestos porque el gobierno necesitará atender más servicios sociales: pensiones y gastos médicos de los mayores. La Seguridad Social consumirá cada año una parte más importante de nuestra renta nacional. El porcentaje del PIB dedicado a pensiones pasará del 9% actual al 18% en 2050, lo que arroja serias dudas sobre la capacidad española de garantizar el sistema público de pensiones.

Subir los impuestos y rebajar las prestaciones es una de las salidas, inevitablemente impopular. Otra posibilidad es elevar las cotizaciones sociales por jubilación (que económicamente equivale a subir el impuesto sobre el trabajo). Otra solución sería aumentar la natalidad. Otra, alargar la edad de jubilación.

Por tanto, el fuerte envejecimiento en las próximas décadas es inevitable y solo se verá atenuado si la tasa de natalidad sube. La inmigración, aunque puede contribuir a aliviar el envejecimiento de la población, no será capaz de invertir la tendencia a una mayor longevidad ni a un aumento suficiente en el número de nacimientos que permita el reemplazo generacional. Es preciso, por tanto, tomar medidas para facilitar la viabilidad financiera del actual modelo de Seguridad Social. Por tanto, la decisión de retrasar la edad de jubilación es una medida absolutamente necesaria.

Síguelo en Economy Weblog

Echevarri, blogger financiero

No creo que baste con dichas medidas. Más que una solución para dar estabilidad a un sistema me parece la constatación de un fracaso, del ocaso del sistema de reparto, así como de su financiación a través de las cotizaciones sociales. Dicho sistema y su modelo de financiación se dan de tortas contra la demografía, la competitividad e incluso los derechos fundamentales, aunque parezca fuerte decirlo.

¿Lo deseable y además posible? Prescindiendo de mis deseos más radicales, apostaría por un sistema de capitalización individual, obligatorio, gestionado por el sector publico y/o privado. Para aquellos que no puedan llegar a él,una pensión mínima no contributiva, y financiada a través de impuestos indirectos, preferentemente IVA.

Síguelo en Twitter @Echevarri o en su blog Echevarri en Rankia

Marc Vidal, empresario y economista

La pensiones son una especie estafa de tipo piramidal aceptada. El dinero aportado por los nuevos aportantes se usa para pagar a los que salen. Imaginemos que eso deja de pasar a un ritmo soportable. El caso de que deje de ingresarse cantidad suficiente pondría en quiebra el modelo cuando los que salen no pudieran acceder a sus prestaciones.

Como ese dinero no revierte en inversiones ni gestiones importantes de activos no se multiplica y el existente es el que se debe reutilizar. A medida que la clase ejerciente se va jubilando se muestra el envejecimiento de nuestra sociedad y con ello la perdida de cotizantes. Si sumamos un paro estructural que nadie sabe como evitar la cosa pinta muy mal.

Por ello el aumento de dos años para dicha jubilación es la respuesta a una formula aritmética básica que intenta sustentar el modelo público e ineficiente. Se soporta un peso de pensionistas con muy pocos cotizantes. Esa diferencia irá en aumento y el único remedio es ir estirando los límites revertibles. El problema es que todo tiene un límite. Debemos caminar hacia un modelo mucho más permeable y menos tutelar

Síguelo en Twitter, @MarcVidal o en su blog Marc Vidal

Carlos López de Euribor.com.es

Lo que realmente daría estabilidad a la seguridad social es la creación de empleo y una buena pirámide demográfica pero como ninguno de los factores parece que vaya a colaborar a corto plazo mucho me temo que estamos ante un tema tabú del que habrá que hablar tarde o temprano.

El ampliar la edad de jubilación es algo que me temo es inevitable ya que tanto la esperanza de vida como su calidad no es igual ahora que hace 30 años, no obstante antes de nada deberíamos mirar cual es la edad real de jubilación en España (entorno a los 61) y empezar a atacar el problema por ahí además de fomentar las ayudas para quien quiera seguir trabajando más allá de los 65. Por tanto más que hablar de ampliar plazos creo que deberíamos cercioranos de que se cumplan los actuales.

Síguelo en Twitter, @euribor_com_es o en su blog Euribor.com.es

Conclusiones

Unanimidad general en que es una medida acertada a la par que insuficiente para la mayoría. El factor de inversión de la pirámide poblacional junto con la adaptación del sistema a los movimientos cíclicos del mercado laboral hacen necesaria esta medida, sin pasar por alto que las reformas sobre el sistema de pensiones tienen que tener un calado mayor para garantizar su solvencia en todos los casos.


lunes, 8 de marzo de 2010

crónica de una ascensión



Realizado por Victor Brossa

Gracias a Xavi, que me envió los enlaces desde Ciudadela.

viernes, 5 de marzo de 2010

estupidez nacional, aldeana, cantonal, provincial...


Masa e Individuo

Escribe Miquel Giménez en Factual:
Basta tan sólo con mirar los contenidos televisivos para darse cuenta de los esfuerzos titánicos que realiza el sistema en la tarea de puerilizarnos a todos. Nos prefieren ignaros, vacuos, aborregados en una masa que no sepa distinguir nada más allá de un balón, de un cotilleo o, peor aún, a la que le dé pereza hacer el menor esfuerzo intelectual. Resumiendo: nos quieren borregos y apáticos. Ya lo dijo Don Pío Baroja: es mucho más fácil pactar con las masas que con los individuos. El individuo es un ser pensante al que cuesta más convencer. La masa no.

El gran error de las izquierdas ha sido –y es– pretender que es mejor dejar de ser individuos para entrar, según el gran escritor vasco, “en el gran pesebre socialista”. No es de extrañar, pues, que el gregarismo barato que reina en estos tiempos desnortados lleve a mucha gente al refugio de la cantidad antes que al de la calidad.

Es triste decirlo pero, hoy por hoy, el individuo y, por tanto, el genio, son la excepción que confirma la regla. El terrible precio que pagamos como sociedad es que no constituimos una suma de personas sino una suma de ceros y, como todo el mundo sabe, por muchos más ceros que se sumen el resultado será siempre el mismo, cero, nada, vacuidad total.

Hay como un pudor intelectualmente estúpido en declararse individualista. Es como decir que eras puta en los tiempos del padre Coloma. Sin el individuo, no obstante, no puede existir nada que valga la pena. Los pueblos que realmente han hecho algo de una cierta solidez han tenido en cuenta que es la persona, en definitiva, la que constituye el fundamento básico del edificio social. ¿A qué negar el individualismo, representante del pensamiento, en beneficio de la masa, amorfa y maleable? ¿Desde cuándo el rebaño de ovejas es más deseable que la magnífica soledad del lobo?

Esta castración mental es horrible si se pretende establecer alguna cosa positiva. Cuando nos entregamos a la masa renunciamos a nuestra individualidad y, al hacerlo, dejamos de pensar por nosotros mismos para funcionar a golpe de consigna, de cornetín de órdenes del poder.

De ahí que prefiera ser individuo, aunque misérrimo, que oveja opulenta. No sé si me entienden.

Miquel Giménez es periodista.

jueves, 4 de marzo de 2010

La ética política: Munar


Los gobiernos de coalición o la necesidad de engrasar determinadas bisagras para acceder al Ejecutivo, expresan de modo inmediato la idea de reparto de beneficios y privilegios entre una clase política creada con el método totalitario del consenso. Sin cautelas ni garantías constitucionales contra las corruptelas políticas, el pacto entre socios de gobierno, sin control por parte de otro poder separado, conduce invariablemente a un reparto proporcional del pastel de la corrupción. La costumbre de las coaliciones, propia de los pueblos dominados por el espíritu de hermandades y padrinazgos, ordena y vigila la corrupción disponible, organizándola en un sindicato de profesionales del trapicheo público. De esta manera, en las Islas Baleares, doña María Antonia Munar ha acreditado una fabulosa capacidad de aprovisionamiento, para sí misma y para familiares y amigos integrados en la Unión Mallorquina, o en esa peculiar manera (“sa nostra”) de enriquecerse a través de la política local, con licencias, comisiones y prebendas varias.

Tanto el PP, con Matas, como ahora el PSOE con Antich, han tenido que recurrir, a precio de oro, al servicio de apoyo gubernamental que siempre ha ofrecido la munificente Munar. Pero los días de pompa, lujo y esplendor urbanístico en la costa mallorquina tocan a su fin, con la delación efectuada por Miguel Nadal -ex lugarteniente de la influyente señora-, el cual no acababa de sentirse a gusto como cabeza de turco. Después de abandonar la presidencia del parlamento balear, la jefa de UM ha confesado actuar siempre de acuerdo con “la ética política” (del Régimen), es decir, con la acostumbrada inmoralidad de mentir sistemáticamente para desmentir la corrompida realidad oligárquica.

La obligación de decir la verdad en el campo político no proviene de los principios de la sociedad política ni de los postulados de la legitimación electoral, sino de la necesidad de poner de acuerdo la práctica cotidiana del poder con los valores dominantes en la vida civil, de hacer, en suma, coincidir la cualidad de ciudadano-elector con la de persona. La moralidad entra en la política por la necesidad de coherencia de la razón de mandar con la razón de obedecer, en una sociedad libre de temor. Sin esta coherencia o hegemonía moral -que sólo está al alcance de la democracia-, la práctica política queda reducida a una mezcla de coacción institucional, inercia burocrática y fomento del temor al vacío.


miércoles, 3 de marzo de 2010

Terquedad reivindicativa

Escribe Javier Dysart en el Diario Montañés
Reinosa y Campoo han tenido que cubrir un amplio recorrido para ver hecha realidad la demanda hospitalaria que ahora culmina con la puesta en marcha del Hospital Tres Mares. Ha sido un largo tiempo de vocerío, regateos, y de titubeos políticos. Por unos u otros motivos, el tema hospital lleva más de tres décadas moviendo a la danza de la reivindicación ciudadana. Si bien el revuelo más sonado comenzó en 1984 con el cierre político de Clínica Reinosa, este mismo centro ya había sido causa de correteos callejeros una década antes, en demanda de un concierto de la Seguridad Social para el nuevo centro sanitario. A pesar de tratarse inicialmente de una instalación privada, la atención sanitario-hospitalaria que prestó Clínica Reinosa fue un tanto positiva, como así lo reconocieron los propios servicios de inspección de la Seguridad Social. Desde la clausura de ese centro se ha cubierto un largo camino de incertidumbres mientras se despetalaba la margarita: 'hospital si, hospital no'.

Cuando al final, tras numerosas andanzas de pancarta y gestiones dialogadas, la solución parecía decidida con la recuperación del edificio de la vieja Clínica, propiedad del Gobierno Regional, llegó un día a Reinosa la señora Rosario Quintana, como flamante consejera de Sanidad, y nos dijo que el proyecto ya iniciado quedaba anulado por inservible e inútil. De forma paralela anunció entre dientes la construcción de un nuevo edificio para el mismo fin. Esta decisión significaba el retorno a las andadas. Un volver a empezar. La señora Quintana no tenía entonces ni proyecto, ni estudio, ni modelo, ni alternativa convincente que llamara a la confianza. Lo único que tenía claro es que el modelo previsto para el Hospital Campoo no era el adecuado y, por lo tanto, no valía.

A partir de ese momento la luz roja de la desesperanza hospitalario volvió a encenderse. Y comenzaron las contradicciones y los desencuentros. Mientras los ciudadanos, sindicatos, partidos políticos, y resto de agentes sociales pedían con insistencia soluciones hospitalarias definitivas, desde la consejería se desplegaban dispares e improvisadas promesas de apaciguamiento. Insistieron en que la comarca de Campoo no necesitaba 'un hospital comarcal, ni tampoco de referencia, ni tan siquiera hospital'.

Lo justificaban diciendo que la auténtica necesidad de los campurrianos era la de un 'Dispositivo sanitario especializado'. Ante el rifirrafe que se montó, Sanidad tuvo que improvisar y añadir que este dispositivo sería reforzado 'con otro segundo dispositivo socio-sanitario', que también estaba sin definir. Entre oferta, cabreo, y oferta, los campurrianos coreaban al unísono que en lugar de sofisticados 'dispositivos sanitarios de alta resolución', se construyera un modesto hospital, dignamente equipado, con camas suficientes para dar respuesta a las necesidades que diariamente se plantean en la comarca. Se pedía también que en lugar de un 'bloque quirúrgico', se equipase el centro con servicios de traumatología, cirugía, anestesia, radiología, consultas y, sobre todo, especialistas suficientes para cada una de las áreas.

Al final, tras la 'terquedad' reivindicativa de los campurrianos junto a las amenazas de más presión pancartera, el Gobierno de Cantabria claudicó en sus rodeos y decidió la construcción del Hospital Tres Mares ahora concluido.

Este logro es el resultado del tesón mostrado por todo un pueblo en defensa de su derecho a una sanidad digna. La espera ha sido larga. Sea para bien.

martes, 2 de marzo de 2010

España padece de 'fulanismo corporativo'


José Luis González Quirós escribe en El Confidencial

En mi cabeza se juntan dos noticias aparentemente ajenas, pero que componen una polifonía. La primera se refiere al revuelo por el libro sobre el Maquiavelo de León; la segunda tiene que ver con el accidente de tráfico del líder de las Nuevas Generaciones del PP, mientras conducía con algunas copas de más y alguna precaución de menos.

La música de ambas noticias nos dice que los políticos españoles tienden de manera alarmantemente intensa al solipsismo, a olvidarse de que existe el mundo real, de que están al servicio de los ciudadanos, y a ocuparse obscenamente de ejercer con provecho el poder, poco o mucho, que tengan. Tal vez no sea culpa suya en exclusiva, pero tampoco parecen hacer mucho por evitarlo.

El retrato de Zapatero que trasmite García Abad, nada sospechoso de inquina con la causa, es el de un líder encerrado con sus obsesiones, un personaje al que importan muy poco las opiniones ajenas, que cree que la realidad es solo un relato imperfecto, y que si las cosas no le salen como debieran es porque aquí todavía hay algunos que no se han enterado de lo mucho que manda.

Al lado del arco, la sonrojante conducta del líder popular nos ha dado la oportunidad de contemplar la solidaridad corporativa de los dirigentes del PP, su predisposición a aislarse de la opinión común, su diligencia para defender a cualquiera de los suyos, y su olvido de que debieran ser ejemplares, y desaparecer cuando no resulten serlo.

‘Fulanismo corporativo’

En ambos casos hay un factor común preocupante, la tendencia a reducir la política a un juego de poder en el que los que lo tienen, no están dispuestos a que nada les arruine el festín. España padece un fulanismo corporativo, una sumisión encubierta, una persecución de la libertad política en los partidos que se supone que la representan. Aquí, los partidos se mueven por el miedo al que manda y por la ciega y férrea solidaridad de quienes se sienten miembros de la nomenklatura. No debiéramos asombrarnos, porque así es la sociedad española, así son nuestras empresas, y así fue el franquismo, que se extinguió únicamente por razones biológicas. Otra cosa es que debiéramos procurar que las cosas no fuesen así, pero así somos.

Para nuestra desgracia tendemos a la monarquía con todas sus pompas y privilegios, con su corte, con sus negocios oscuros, su razón de estado, su modelo hereditario, y sus personajes milagreros, que ahora presumen de saber sociología, pero que no son menos siniestros que los clásicos conspiradores de alcoba. No debiera extrañarnos, pues, que el comportamiento de las élites políticas nos recuerde tantas veces a una corte de los milagros.

Se ha hecho muy común remitirse al remedio de la sociedad civil, como si la sociedad civil fuese ejemplarmente liberal, competitiva y limpia, como si los episodios más sucios y lamentables de nuestra historia reciente no hubiesen estado siempre trufados de personajes civiles, de millonarios de ocasión, que han merodeado y merodean, a oscuras, por los pasillos del poder, a ver cómo les arreglan lo suyo.

La democracia ha dejado de ser un factor de progreso y de maduración de la libertad en manos de los partidos. Las formaciones generan unas minorías que cooptan un líder, y a partir de ahí todos quietos, que nadie se desmande: como rezaba una canción revolucionaria de mi juventud: “¡al que asome la cabeza, duro con él, Fidel”.

No va a ser tarea fácil solucionar nuestro fulanismo corporativo, pero debería ser la primera de las exigencias ciudadanas a nuestros representantes. Es desesperante ver cómo viejas glorias a las que se les suponía alguna dignidad, se arrastran ante el poderoso del momento, o cómo deben salir del partido los que quieran seguir pensando por cuenta propia.

Es reconfortante que se haya podido escribir el libro de García Abad, y sería muy interesante ver cómo los militantes del PP exigen la dimisión de quien no es capaz de llamar a un taxi la noche que ha bebido más de la cuenta, por muy amigo que sea de Cospedal, o del mero mero, como lo dicen en Méjico. Es en comportamientos como estos en los que podríamos fundar esperanzas, en conductas que traten de acabar con la fidelidad perruna y el pacto de sangre, con la omertá, en el seno de los partidos. Si no es así, ¿cómo podríamos esperar que se cambien las normas que pudieran mejorar las cosas?

Hasta ahora habíamos entendido que la democracia consistía en cambiar las instituciones, pero tras las décadas transcurridas, es hora de que nos demos cuenta de que cualquier política democrática resulta incompatible con un funcionamiento tan legendariamente autoritario como el de los partidos, el mal que da lugar a la entronización de personajes como Zapatero y las Cruellas de Ville que le rodean.

Hace falta que les saquemos los colores a los políticos, a los dictadorcillos, y a los infinitos pelotas que les rodean, pero eso solo se consigue siendo valientes porque, como sabía Pericles, el valor es el precio de la libertad.

reíno de la mentira, patria del engaño

Extractado de un post de Voto en Blanco:

La España de Zapatero, reíno de la mentira, patria del engaño

El gobierno de Zapatero y el partido que lo sostiene han convertido la mentira y el engaño en las columnas vertebrales de su acción de gobierno. Durante años, no han hecho otra cosa que repartir el dinero público abundante, sobre todo a sus amigos, culpando siempre al incauto y torpe PP de sus carencias, errores y desatinos. Cuando el dinero empezó a escasear, se endeudaron hasta extremos intolerables, colocando a España al borde de la ruina, mientras seguían gastando a manos llenas y colocando a más amigos en las administraciones públicas. Ahora, cuando el dinero escasea y los mercados ya no les prestan más, cuando son incapaces de adoptar decisiones que, por no haberlas adoptado a tiempo, resultan impopulares y de una gran dureza, quieren culpar a la oposición de todos sus dramas y del terrible daño que nos han causado.

La verdad, que es la esencia de la democracia y el vigor de los pueblos, ha sido erradicada del poder político en España. La mentira, que siempre es basura tiránica, ha sido elevada a los altares por el gobierno más inepto y dañino en los últimos dos siglos. Nuestros políticos mienten, engañan, ocultan la verdad, la disfrazan y emplean cientos de millones de euros en un aparato de propaganda gubernamental que no tiene otro fin que mantenerlos en el poder, evitando que el pueblo tome conciencia de que está siendo gobernado por impresentables, enfermos de corrupción y maestros del error y del fracaso.